viernes, 31 de mayo de 2013

Celos

El jueves tuve la primera escena de celos de Uma. Con sus tan solo 11 meses se retorcía sobre su madre y gritaba como loca porque yo no quería hacerle upa. Ojo, no fue celos con su hermano, o con algún otro bebé, o con su madre, sino fueron celos hacia el nuevo integrante de la familia, Catán,  un ovejero alemán de tan solo 45 días.

Muchas veces intenté darle celos a Uma, jugando con ella más que nada. Agarro a Santi y lo alzo y lo abrazo, dejándola a ella en el piso mirándonos, agarro a su madre y la empiezo a besar mientras Uma está upa suyo, pero nada, siempre me mira con una sonrisa burlona y divertida.

El jueves fuimos a adoptar a Catán (nombre que le puso Santi al perro, quería llamarlo Catana, como la espada, pero como nos decidimos por el machito hubo que recortar el nombre a Catán). Lo primero que hicimos fue dirigirnos al veterinario para que nos aconseje un poco sobre cómo tratarlo y ver si hacía falta aplicarle alguna vacuna. Todo el tiempo lo tenía al perro en brazos, mientras Uma estaba con su madre, y Santi no dejaba de preguntar cosas desde el piso. En cierto momento, con cara de enojada (la gorda tiene la misma cara de culo de su padre cuando se enoja) me empezó a estirar los brazos para que la agarre. Yo le decía que no, que no podía porque estaba con Catán y ella se retorcía sobre la madre y gritaba, enojada, ofendida, muy molesta por no haber obtenido lo que quería de mi. Hizo la misma escena como una docena de veces, cada vez peor. Luego llegamos a casa y no quiso que la toque, estaba ofendida con su padre.

Un amigo me dijo una vez que una infancia sin un perro es una infancia triste, y como no quiero que le pase eso a mis hijos, y motivados por el tema del robo, decidimos adoptar a uno. Es un sacrificio enorme, no deja de ser un cachorro al que hay que cuidar, alimentar, llevar al veterinario, jugar con él, dedicarle tiempo y esfuerzo (con lo que escatiman hoy en día ambas cosas), pero si pongo todo en la balanza creo que siempre va a ser positivo para ellos tener una mascota. A la larga va a ser un integrante más de la familia, esas cosas no pueden evitarse. Pero Santi y Uma tendrán que acostumbrarse y adaptarse, nunca es fácil tener una nueva competencia por el tiempo de sus padres.


Un nuevo integrante en la familia, un nuevo posible problema. 

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