jueves, 16 de julio de 2009

Miércoles

Abandonó las sábanas de ceda blancas poco después de escuchar su despertador. Corrió las cortinas bordadas que tanto le habían costado cocer y observó como sus plantas florecían en esos primeros días de septiembre.
Se preparó un té de finas hiervas patagónicas, “tengo que comprar romero”, se dijo mientras saboreaba el último bocado de su galletita con queso crema lite.
Una ducha caliente para despertarse y disfrutar de su cuerpo enjabonado y escurridizo. Barrió la humedad del espejo con un pañuelito descartable y con una pincita extrajo un bello rebelde de su axila.
Se vistió lentamente, disfrutando el roce de la ropa interior contra sus piernas recién depiladas. Se peinó con un pequeño cepillo de madera mientras se observaba en el espejo de su cuarto y descubría alguna que otra cana nueva que luego su estilista taparía con tintura el fin de semana.
Terminó de ordenar el cuarto y de armar su cama, le gustaba que todo estuviese ordenado cuando llegaba a su departamento a la tarde con alguna amiga después del trabajo.
Se perfumó el cuello, acomodó las flores del centro de la mesa, tomo su bolso y se dirigió hacia la puerta, una última vista al espejo antes de tomar la calle, se tiro un beso y abrió la puerta.
Llegando a la esquina se encontró con Beto, el verdulero.
- Que haces cacho, ¿fúlbo esta noche?
- Como todos los miércoles Beto. Como todos lo miércoles.

Lo que más disfrutaba del club eran las duchas del vestuario.

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