martes, 19 de mayo de 2009

Angustia

Su llanto desesperado lo llevó a golpear la puerta una vez más.
“Lucia, dejame entrar”, gritó por tercera vez consecutiva, sabiendo de antemano que su pedido no sería satisfecho.
Del otro lado de la puerta los llantos no cesaban. Siempre pasaba lo mismo con ella pasado más o menos el mismo tiempo, era inevitable que se encerrara en el baño y el mar de lágrimas comenzará a brotar sobre sus mejillas.
Intentó ayudarla innumerables veces. La llevó a los mejores especialistas, las pastillas aconsejadas, las técnicas más raras, pero todo era en vano. Hasta pensó en mudarse con ella a ver si el cambio de vida, de hábitos, de costumbres la hacia declinar de esa locura, pero todo quedaba en un insuficiente esfuerzo.
Golpeó la puerta con insistencia y cierta bronca acumulada, “Dejame sola”, solo pudo escuchar.
Salió corriendo hacia la habitación y tomo la copia de la llave del baño que ella guardaba secretamente en su mesita de luz.
Abrió la puerta rápidamente y lo invadió la desesperación. Le arrebato con furia de sus frágiles manos la prueba del delito, y la abrazo, y lloraron juntos.
“Dejate de joder con seguirte depilando con seda, no ves que te lastimas toda, cuando cobre el aguinaldo te pago la depilación definitiva y listo, así no sufrís más, ¿estamos?”Y una sonrisa broto de sus dulces y mojados labios.

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