viernes, 20 de marzo de 2009

Valiosas monedas

Tarde de compras al centro de la ciudad. La noche anterior la flaca tuvo que tipear a mano unas planificaciones prestadas para encarar futuros proyectos educativos en el jardín donde comenzó a trabajar. Ella tiene la insaciable necesidad de acumular información, sin importar la fuente de la que provenga, porque en algún futuro puede llegar a ser de utilidad (hace lo mismo con cada cachivache, maderita, cajita, juguetito, boludes, que encuentra en la calle o le regalan, así tenemos la mitad del departamento convertido en galpón). Por efectos del esfuerzo pensó en voz alta “que bueno sería tener una multifunción para poder escanear esto”, y como a mi el dinero me quema en la mano (aunque al otro día llore por su ausencia) decidí regalarle una, previa recolección de información y comparaciones varias a través de Internet (alguna vez comenté que a la flaca le encanta comparar cosas, e Internet es la herramienta justa para despuntar ese vicio maldito).
Al volver de la oficina cargamos a Santi al auto junto con su bolso, cochecito, mamadera, juguetes, etc, etc, etc (en cualquier momento contrato una empresa de fletes a mi disposición sólo para llevar sus cosas “por si llegan a ser necesarias”, ya van a descubrir el problema del espacio/tiempo cuando sean padres) y encaramos hacia el centro de la ciudad.
Al llegar a uno de los tantos semáforos, de alguna esquina cualquiera, me abordan dos muchachos para limpiarme el vidrio. “Lo limpiamos señor”, “y dale” respondí haciendo honor al recuerdo de un cliente de un viejo trabajo (el pibe que limpiaba los vidrios era uno de mis clientes del cyber, si me habrá matado jugando al counter, era rapidísimo). Al llegar la hora de la propina me encontré con que no tenía monedas en la billetera, “¿Flaca, tenes monedas?”, “deje la billetera en casa”, escuche como respuesta. “Toma Lonchi, mandale saludos a Caio”, le dije entregándole un billete y continué con nuestro camino. La flaca me mira y me dice “no te reconoció” (quizás por que pasé desapercibido por su vida, quizás porque engordé demasiado, me convenzo de la segunda opción sin demasiado esfuerzo y me olvido del tema por un rato) “¿Cuanto le diste?”, “dos pesos” respondo, y empiezo a escuchar un sermón de porque regalo el dinero cuando cuesta tanto conseguirlo y vaya uno a saber cuantas cosas más hasta que llegamos al destino.
Cuando bajamos del auto me encuentro con otro pibe que me grita “¿Se lo cuido Don?”, “Bueno”, respondo automáticamente sin pensarlo (que cantidad de cuida coches y limpia vidrios que hay en la ciudad, cada esquina es propiedad de uno, cada calle donde uno puede estacionarse está custodiada, el número de los mismos crece a pasos agigantados y nadie parece notarlo o a nadie le importa).
Cuando terminamos con la compra, me encontré en la misma situación de hace un rato atrás, no tenía monedas para la propina. “Otra vez la misma no me pasa” pienso en mi ingenuo cerebro, y arrastro a mi familia hacia un kiosco de la zona. Después de revolver decido comprar unas gomitas para mi hijo (le encantan las gomitas frutales, ahora le das gelatina y la escupe, cosa de los chicos) y pago con dos pesos suponiendo que las gomitas no podían superar los ochenta centavos. Noto que el cajero toma el billete, lo guarda en la caja y sigue con otro cliente. Lo miro y le pregunto “¿pero cuanto estaba esto?”, y después de preguntar reiteradamente por no escuchar la respuesta (a parte de boludo me estoy volviendo sordo) entendí que me quiso decir dos pesos. Me lo quedé mirando, la miro a la flaca, le hago una seña para que nos vallamos, y afuera le comento “este pibe me cagó, me estafó y encima no me dio una puta moneda”, y como siempre, con la onda que la caracteriza, la flaca me responde, “si boludo, tenes que preguntar el precio primero”.
Seguimos caminando y me encontré con un Mac Donals, así que decidí comprarle un helado a Santi, pero como hombre precavido vale por dos pregunté el precio primero “tres pesos escuche de la cajera”. ¿Se acuerdan de la época en que los conitos valían 50 centavos?, bueno, parece que estos tipos no, porque de aquella época sextuplicaron el precio como si nada. Como ya estaba ahí hice la compra pero asegurándome antes que la cajera pueda darme el vuelto en monedas.
Luego llegamos al auto, prendo el motor, bajo la ventanilla y espero a que vengan a buscar la tan buscada moneda, ¿y que sucede?, nada, el pibe se había ido a su casa.
Conclusión, una propina de cincuenta centavos que nunca fue reclamada terminó costándome 5 pesos y la sensación de que cada día me invade más la boludes.

2 comentarios:

Quito dijo...

excelente egú...

van mis apreciaciones:
1- creo q definitivamente estás irreconocible por lo gordo... es más, yo la última vez no supe si eras vos hasta pasados 10 minutos de estar hablando...
2- el otro día vi una propaganda muy patética donde aparece la vieja chota de la liga de amas de casa, que no me acuerdo el nombre pero es una vieja jodida... en fin, la vieja promocionaba un sitio de internet para comparar precios, a ver... http://confronte.com.ar/ fijate ahí, está la foto de la vieja y todo...
3- pensá q los 5 pesos no son nada... también gastaste fortuna en un scaner que vas a usar un par de veces... no es mala onda, pero me podrías haber pedido el mío que lo tengo al pedo...

un abrazo genio.
y feliz cumpleaños...

pd: me encantó la frase final.
quito

Dito dijo...

Lo que más me molesta de esta entrada es que las mujeres se creen que nunca se equivocan. Si te fijas bien en la historia vos sos el encargado de hacer todo, vos manejas, vos cargas las cosas en el auto, vos vas a comprar la multi no se cuanto, vos sos el que agarras la propina, vos sos el que compra en el kiosco, vos sos el que compra el conito, vos todo!!!! Asi cualquiera hace todo bien. Yo con esto no quiero decir que la flaca no hace nada, pero… ;)
El que hace se equivoca y el que no, solo ve los errores del que hace. Pensalo Egu.
Hay gente que se pasa el día diciendo, tené cuidado con esto, tené cuidado con aquello, tené cuidado con eso, tené cuidado con lo otro, y al momento justo de comenter un error te dicen: “te dije ehhh, te había dicho”. Obvio que alguna va a pegar, si te está diciendo cuidado por todo!!!
Tranquilo Egu, vos actuaste bien.
Abrazo.
Pd: Flaca. No te enojes conmigo 