jueves, 26 de febrero de 2009

La invitada

Era la primera vez que la invitaba a cenar a su departamento. Esa noche él la deleitaría con uno de sus platos preferidos.

- Primero hay que sacarle bien toda la grasa a la carne, y esta pequeña telita de acá, ¿ves? sino le queda un gusto agrio que arruina toda la comida.

Ella lo miraba desde la barra que separaba la cocina del living, no podía dejar de sonreírle cortésmente, aunque mucho no entendía del tema.

- Lo fundamental en la preparación de cualquier plato son los ingredientes, la carne siempre tiene que ser de primera calidad y muy fresca, a veces cuesta conseguirla, pero el esfuerzo vale la pena.

Le regaló una guiñada de uno de sus ojos claros a su invitada mientras apreciaba como ella meneaba la copa del fino vino tinto que tan cortésmente él le habría servido hace tan sólo un instante.

El departamento le gustaba. Jamás se imaginó que ese muchacho callado y tímido de la oficina podía tener tan buen gusto para decorar los ambientes. Colores pasteles claros en las paredes, muebles de cuero negro. Un plasma colgado de una pared, y ningún portarretratos. Se escuchaba de fondo el dulce ritmo de un tema de Jazz improvisado, y el aroma a flores completaba un ambiente cordial y distendido. Le llamaba la atención un friser de grandes proporciones que ocupaba un cuarto de la cocina, “se lo habrán regalado”, se dijo sin hacer ningún comentario.

- Siempre hay que dejar calentar un poco la fuente con un chorrito de un buen aceite de oliva y unos dientes de ajo. Pero no te preocupes, después los saco. No quiero que te pongas incómoda por el olor que puede dejarte en la boca.

Ambos rieron cómplices de un futuro inmediato.
Colocó delicadamente el trozo de carne en la fuente que extrajo del horno. Podía eschucarse que el aceite estaba a punto, sin llevar a salpicar por estar arrebatado. Tomo unos papines con cáscara de un bols donde previamente los había lavado, los acomodó con cuidado al costado de la carne y salpimentó todo lo preparado. Bajo el fuego del horno, introdujo la bandeja y lo cerró con mucho cuidado.

- La mejor carne es la del interior de la provincia, no sé con que los alimentan, pero siempre es muy tierna.
- No sé con que alimentaran el ganado pero yo siempre comí lo que cosechaba mi padre en el campo – bromeó ella esperando una sonrisa que nunca llegó.
- ¿Vamos a sentarnos al sillón? – Propuso él tanteando el ambiente.
- Vamos – respondió ella, conciente del momento.

Él le propuso a ella sentarse a su izquierda en el sillón, por algún motivo él prefería el otro lado.

- ¿Sabés que te faltaría acá? – Interrogó ella sin esperar una respuesta – Una alfombra chiquita, debajo de la mesa ratona, para apoyar los pies descalzos.
- Tuve varias pero siempre se me terminan manchando. – dijo serio mientras dio media vuelta para buscar algo debajo del almohadón que descansaba apoyado al respaldo.
- Me encanta el olorcito a comida que se siente. – Fue lo último que dijo antes de dejar caer la copa de su mano.

Mientras, en el suelo, los pedazos de vidrio se iban ensangrentando.

1 comentario:

José María Gonzalez dijo...
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